Por Samia Nakhoul
DUBAI, 13 mar (Reuters) - Mucho antes de que Estados Unidos e Israel atacaran Irán, la República Islámica ya había ideado su propia arma: tomar como rehén la principal vía de suministro de petróleo del mundo para contrarrestar la superioridad militar de sus enemigos, dijeron tres fuentes regionales familiarizadas con los planes iraníes.
Durante décadas, Irán ha dado a entender que, si se veía empujado a una confrontación, restringiría el tráfico de petroleros en el estrecho de Ormuz, el punto estratégico donde sus adversarios están más expuestos, ya que cualquier interrupción allí repercute de forma inmediata en los mercados energéticos mundiales.
Con la principal arteria de exportación del Golfo en el punto de mira, Teherán ha convertido el mayor activo económico de la región en su más poderoso elemento disuasorio, según las fuentes.
Aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado mundiales pasa normalmente por este estrecho vital, e Irán, que se encuentra en su costa norte, lo ha cerrado ahora de facto. El tráfico a través del estrecho ha caído un 97% desde que comenzó la guerra contra Irán el 28 de febrero, según datos de Naciones Unidas.
Irán ya ha usado tácticas similares antes. En la "guerra de los petroleros" del conflicto entre Irán e Irak de 1980-1988, los ataques a buques convirtieron el golfo Pérsico en una de las vías navegables más peligrosas del mundo, lo que obligó a Washington a escoltar petroleros a través del estrecho.
Pero Irán cuenta ahora con herramientas mucho más potentes, entre ellas grandes arsenales de misiles baratos y drones capaces de amenazar la navegación en una zona mucho más amplia. Sus ataques de este mes han demostrado la rapidez con la que Teherán puede interrumpir el tráfico por el estrecho sin necesidad de minarlo en profundidad.
TRUMP "CEDERÍA PRIMERO" SI LA ECONOMÍA MUNDIAL SE VE AMENAZADA, DICE ANALISTA
"Irán está en desventaja armamentística: no hay forma de que pueda derrotarlos en un enfrentamiento directo", dijo Ali Vaez, director del Proyecto Irán del International Crisis Group.
Anticipándose a nuevos ataques de Estados Unidos e Israel tras la guerra de 12 días de junio del año pasado, Teherán estudió cómo extender cualquier conflicto "en el tiempo y el espacio".
"Si Irán toma como rehén a la economía mundial, Trump sería el primero en ceder", añadió Vaez.
Fuentes regionales, que prefirieron mantener el anonimato, pues no están autorizadas a hablar públicamente, dijeron que el poderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de Irán lleva mucho tiempo preparándose para un enfrentamiento con Israel y Washington.
El plan de la Guardia, que busca proteger el sistema de Gobierno iraní de 47 años de antigüedad, liderado por clérigos islámicos ferozmente antioccidentales, se activó el 28 de febrero, tras el asesinato del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, el primer día del conflicto.
El núcleo de la estrategia es el reconocimiento de las limitaciones militares de Irán frente a fuerzas superiores, según las fuentes. Los estrategas de Teherán buscan, en cambio, ejercer presión sobre los flujos de petróleo al tiempo que lanzan ataques asimétricos contra los activos estadounidenses estacionados en toda la región.
IRÁN CONVIERTE EL ENFRENTAMIENTO ARMADO EN IMPACTO ECONÓMICO
La estrategia busca generar presiones económicas —tanto en el país como en el extranjero— sobre el presidente Donald Trump para que detenga la guerra.
"Se trata de una guerra asimétrica por excelencia, en la que Irán logra efectos desmesurados, incluso globales, mediante un pequeño número de ataques que imponen costos dolorosos", dijo Michael Eisenstadt, del Washington Institute.
"El objetivo es causar penuria económica, socavando aún más el apoyo a la guerra de Estados Unidos y aumentando la presión sobre Washington para que le ponga fin".
En lugar de concentrar sus fuerzas en un único campo de batalla, Teherán está dispersando su campaña con oleadas de ataques con misiles y drones de bajo costo por todo el Golfo, del tipo que antes se subcontrataba a fuerzas aliadas de Irán en Irak, Yemen, Siria y Líbano.
Este enfoque refleja una doctrina forjada a lo largo de décadas por el CGRI, basada en la suposición de que un enemigo más fuerte intentaría decapitar el liderazgo y la estructura de mando de Irán al inicio de cualquier guerra, según las fuentes.
La Guardia está aplicando las lecciones aprendidas de años de conflicto en la sombra con Estados Unidos, dijeron. Pero esta vez, en lugar de depender principalmente de los aliados regionales que en su día formaron su primera línea de defensa, Teherán está ejecutando ahora el plan de acción por sí mismo.
ENFOQUE DE EEUU SE CARACTERIZA POR "ILUSIONES"
Ali Vaez dijo que Estados Unidos había entrado en la guerra sin estar preparado, impulsado por "muchas ilusiones y pocas estrategias bien pensadas".
Washington, dijo, no supo anticipar los ataques con drones contra los Estados del Golfo, las interrupciones en las rutas marítimas o la necesidad de evacuar a los ciudadanos, deficiencias que, según él, reflejaban una incapacidad para asimilar las lecciones del riesgo que suponen los drones en la guerra moderna.
Por el contrario, la doctrina descentralizada iraní o "Mosaico" —que dispersa el mando y el control para resistir la decapitación— sigue vigente, bajo un único centro de coordinación. Incluso tras la muerte de Jamenei.
Dos fuentes dijeron que el presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, antiguo comandante de la Guardia Revolucionaria, y Ali Larijani, jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, continuaron dirigiendo los esfuerzos bélicos desde Teherán.
Vaez argumentó que, si bien Estados Unidos puede debilitar significativamente a Irán, una derrota total requeriría una invasión terrestre en la que participarían hasta un millón de soldados operando en un terreno implacable, un compromiso para el que Washington ha demostrado "no tener estómago".
Trump, quien en su día prometió mantener a Estados Unidos al margen de intervenciones militares "estúpidas", está llevando a cabo ahora lo que muchos expertos consideran una guerra de elección de duración indefinida que podría convertirse en la mayor campaña militar desde las de Irak y Afganistán.
El objetivo inmediato de Irán es la supervivencia, dijo Vaez. Fuera de eso, su propósito más amplio es obligar a Washington a aceptar que la coacción, ya sea mediante la fuerza militar, la presión económica o el aislamiento diplomático, no funciona.
Aún no está claro si se aprenderá esa lección. Pero al convertir en arma el corredor energético más crítico del mundo y extender el campo de batalla fuera de las fronteras de Irán, Teherán apuesta a que puede resistir más tiempo que un enemigo mucho más fuerte.