Por Gram Slattery, Andrea Shalal, Andrew Gray y John Irish
WASHINGTON/BRUSELAS/PARÍS, 3 abr (Reuters) - En los últimos años, la OTAN ha sobrevivido a retos existenciales, que van desde la guerra en Ucrania hasta las múltiples oleadas de presión e insultos del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha cuestionado la misión fundamental de la organización y ha amenazado con apoderarse de Groenlandia.
Sin embargo, es la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, a miles de kilómetros de Europa, la que casi ha desintegrado al bloque de 76 años de antigüedad y amenaza con dejarlo en su estado más débil desde su creación, según analistas y diplomáticos.
Trump, enfurecido porque los países europeos se han negado a enviar sus armadas para abrir el estrecho de Ormuz al tráfico marítimo mundial tras el inicio de la guerra aérea el 28 de febrero, ha dicho que está considerando retirarse de la Alianza.
"¿No lo harías tú si estuvieras en mi lugar?", preguntó Trump a Reuters en una entrevista el miércoles.
En un discurso pronunciado el miércoles por la noche, Trump criticó a los aliados de EEUU, pero no llegó a condenar a la OTAN, como muchos expertos pensaban que haría.
No obstante, en el contexto de las pullas dirigidas a los europeos en las últimas semanas, los comentarios de Trump han provocado una preocupación sin precedentes de que Estados Unidos no acuda en ayuda de sus aliados europeos en caso de que estos sean atacados, independientemente de si Washington se retira formalmente o no.
El resultado, según analistas y diplomáticos, es que la Alianza creada durante la Guerra Fría, que durante mucho tiempo ha servido como base de la seguridad europea, se está desmoronando y el acuerdo de defensa mutua que constituye su núcleo ya no se da por sentado.
"Esta es la peor situación en la que se ha encontrado (la OTAN) desde su fundación", dijo Max Bergmann, exfuncionario del Departamento de Estado que ahora dirige el Programa de Europa, Rusia y Eurasia en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington.
"Es realmente difícil pensar en algo que se le acerque siquiera".
Los europeos, que han contado con la OTAN como baluarte frente a una Rusia cada vez más asertiva, están empezando a asimilar esta realidad.
En febrero, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, había descartado la idea de que Europa se defendiera sin Estados Unidos calificándola de "idea absurda". Ahora, muchos funcionarios y diplomáticos la consideran la expectativa por defecto.
"La OTAN sigue siendo necesaria, pero debemos ser capaces de pensar en la OTAN sin los estadounidenses", dijo el general François Lecointre, que ocupó el cargo de jefe de las Fuerzas Armadas francesas entre 2017 y 2021.
"Con todo, es válido preguntarse si debería seguir llamándose OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte".
La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, dijo: "El presidente Trump ha dejado clara su decepción con la OTAN y otros aliados y, como subrayó el presidente, 'Estados Unidos lo recordará'".
Un representante de la OTAN no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.
ESTA VEZ ES DIFERENTE
La OTAN ya se ha enfrentado a retos anteriormente, sobre todo durante el primer mandato de Trump, de 2017 a 2021, cuando también consideró retirarse de la Alianza.
Sin embargo, mientras que hasta hace poco muchos dirigentes europeos creían que se podía mantener a Trump a bordo con pompa y halagos, ahora son menos los que sostienen esa idea, según conversaciones con decenas de dirigentes estadounidenses y europeos, tanto actuales como antiguos.
Trump y otros dirigentes de su Gobierno han expresado su frustración por la supuesta falta de voluntad de la OTAN para ayudar a Estados Unidos en momentos de necesidad, entre otras cosas al no prestar asistencia directa en el estrecho de Ormuz y al restringir el uso por parte de EEUU de algunos aeródromos y del espacio aéreo. Funcionarios estadounidenses han declarado que la OTAN no puede ser una "calle de sentido único".
Las fuentes europeas replican que no han recibido solicitudes de Estados Unidos de recursos específicos para una misión destinada a abrir el estrecho y se quejan de que Washington ha sido inconsistente en cuanto a si dicha misión se llevaría a cabo durante o después de la guerra.
"Es una situación terrible para la OTAN", dijo Jamie Shea, antiguo alto cargo de la OTAN y actualmente investigador principal del laboratorio de ideas Friends of Europe.
"Es un revés para los aliados que, desde que Trump regresó a la Casa Blanca, han trabajado mucho para demostrar que están dispuestos y son capaces de asumir más responsabilidad (por su propia defensa)".
Los últimos comentarios de Trump se suman a otras señales de una Alianza cada vez más inestable.
Entre ellos se incluyen sus amenazas intensificadas en enero de arrebatar Groenlandia a Dinamarca y las recientes medidas de EEUU que los europeos consideran especialmente complacientes con Rusia, a quien la OTAN define como su principal amenaza para la seguridad.
El Gobierno ha guardado silencio ante los informes de que Moscú ha proporcionado datos de objetivos a Irán para atacar activos estadounidenses en Oriente Medio y ha levantado las sanciones al petróleo ruso en un intento por aliviar los precios mundiales de la energía, que se han disparado durante la guerra.
En una reunión de ministros de Asuntos Exteriores del G7 celebrada cerca de París la semana pasada, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, y Kaja Kallas, la jefa de política exterior de la Unión Europea, mantuvieron un tenso intercambio, según cinco personas familiarizadas con el asunto, lo que pone de relieve la relación transatlántica cada vez más tensa.
Kallas preguntó cuándo se agotaría la paciencia de EEUU con el presidente ruso, Vladimir Putin, respecto a las negociaciones de paz sobre Ucrania, lo que provocó que Rubio respondiera con irritación que EEUU estaba tratando de poner fin a la guerra al tiempo que prestaba apoyo a Ucrania, pero que la UE era bienvenida a mediar si así lo deseaba.
NO HAY MARCHA ATRÁS
Legalmente, es posible que Trump carezca de la autoridad necesaria para retirarse de la OTAN. En virtud de una ley aprobada en 2023, un presidente de EEUU no puede abandonar la Alianza sin el consentimiento de dos tercios del Senado estadounidense, un umbral casi imposible de alcanzar.
Sin embargo, los analistas afirman que, como comandante en jefe, Trump puede decidir si el ejército estadounidense defenderá a los miembros de la OTAN. Negarse a hacerlo podría poner en peligro la Alianza sin necesidad de una retirada formal.
Sin duda, no todo el mundo considera que la crisis actual sea existencial. Un diplomático francés describió la retórica del presidente como una rabieta pasajera.
Trump ya ha cambiado su postura respecto a la OTAN anteriormente.
En 2024, dijo durante la campaña electoral que animaría a Putin a atacar a los miembros de la OTAN que no pagaran su parte correspondiente en defensa. Para la última cumbre anual de la OTAN, en junio de 2025, la Alianza se había ganado su favor, y Trump pronunció un discurso en el que elogiaba efusivamente a los dirigentes europeos como personas que "aman a sus países".
La semana que viene, Rutte, el secretario general de la OTAN, que mantiene una estrecha relación con Trump, tiene previsto visitar Washington en un intento por cambiar la opinión de Trump una vez más.
Analistas afirman que los países europeos tienen buenas razones para mantener a Estados Unidos comprometido con la OTAN a pesar de las dudas sobre si Trump acudiría en su defensa. Entre otras razones, el ejército estadounidense proporciona una serie de capacidades que la OTAN no puede sustituir fácilmente, como la inteligencia por satélite.
Incluso si Trump y los europeos encuentran la manera de permanecer juntos en la OTAN, según afirman diplomáticos, analistas y dirigentes, la Alianza transatlántica que ha sido fundamental para el orden mundial desde la Segunda Guerra Mundial podría no volver a ser la misma.
"Creo que estamos pasando página tras 80 años de colaboración", dijo Julianne Smith, embajadora de Estados Unidos ante la OTAN bajo el mandato del presidente demócrata Joe Biden.
"No creo que esto signifique el fin de la relación transatlántica, pero estamos en la cúspide de algo que va a tener un aspecto y un carácter diferentes".