
Por Parisa Hafezi
WASHINGTON, 28 feb (Reuters) - Los 36 años de gobierno del ayatolá Alí Jamenei convirtieron a Irán en una poderosa fuerza antiestadounidense, que extendió su influencia militar por todo Oriente Medio, al mismo tiempo que usaba mano dura para sofocar los repetidos disturbios internos.
Jamenei murió el sábado, a los 86 años, anunciaron los medios de comunicación estatales iraníes, en unos ataques aéreos de Israel y Estados Unidos que pulverizaron su complejo en el centro de Teherán, tras décadas de esfuerzos diplomáticos fallidos para resolver la disputa sobre el programa nuclear iraní.
Al principio considerado débil e indeciso, Jamenei parecía una elección poco probable para líder supremo tras la muerte del carismático ayatolá Ruholá Jomeini, fundador de la República Islámica de Irán, pero el ascenso de Jamenei a la cima de la estructura de poder del país le permitió ejercer un férreo control sobre los asuntos de la nación.
Jamenei fue "un accidente de la historia" que pasó de ser "un presidente débil a un líder supremo inicialmente débil y a uno de los cinco iraníes más poderosos de los últimos 100 años", declaró Karim Sadjadpour, del Carnegie Endowment for International Peace, a Reuters.
Jamenei había sobrevivido a la presión extranjera, pero, incluso antes del ataque del sábado, se enfrentaba a la crisis más grave de sus 36 años de gobierno, al intentar prolongar las negociaciones con Estados Unidos sobre el programa nuclear de Irán.
Este mismo año, ya había ordenado la represión más sangrienta desde la Revolución Islámica de 1979, afirmando que los que protestaban en todo el país, inicialmente contra el alza de los precios, "debían ser puestos en su sitio", antes de que las fuerzas de seguridad abrieran fuego contra los manifestantes que coreaban "¡Muerte al dictador!".
En junio, Jamenei se vio obligado a esconderse durante 12 días de ataques aéreos por parte de Israel y luego de Estados Unidos, que mataron a varios colaboradores cercanos y comandantes de la Guardia Revolucionaria y destruyeron valiosas instalaciones nucleares y de misiles.
Ese ataque fue uno de los muchos resultados indirectos de la incursión contra Israel perpetrada por el grupo palestino Hamás, respaldado por Irán, el 7 de octubre de 2023, que no solo desencadenó la guerra en Gaza, sino que también impulsó al Estado judío a atacar a otros socios regionales de Teherán.
Con Hezbolá debilitado en el Líbano y Bashar al-Assad derrocado en Siria, el alcance de Jamenei en Oriente Medio se vio mermado, mientras que Estados Unidos le exigía que abandonara la última gran baza estratégica de Irán: sus misiles balísticos.
Jamenei se negó incluso a discutir la posibilidad de renunciar a los misiles, que Irán consideraba su única fuerza disuasoria restante contra los ataques israelíes, una muestra de intransigencia que puede haber contribuido a provocar los ataques aéreos que lo tenían como objetivo.
Mientras el ejército estadounidense concentraba fuerzas aéreas y navales en la región, los cálculos de Jamenei se basaban en un carácter moldeado por la revolución, años de agitación y guerra con Irak, décadas de enfrentamientos con Estados Unidos y una despiadada acumulación de poder.
Aunque los funcionarios electos se ocupaban de los asuntos cotidianos, ninguna política importante —especialmente las relacionadas con Estados Unidos— podía llevarse a cabo sin su aprobación explícita; el dominio de Jamenei del complejo sistema de gobierno clerical de Irán, combinado con una democracia limitada, garantizaba que ningún otro grupo pudiera desafiar sus decisiones.
INICIO DIFÍCIL
Al principio de su mandato, Jamenei era a menudo tachado de débil. Al no haber alcanzado el rango religioso de ayatolá cuando fue nombrado líder supremo, Jamenei tenía dificultades para ejercer el poder a través de la autoridad religiosa, tal y como preveía el sistema teocrático.
Tras luchar durante mucho tiempo por salir de la sombra de su mentor, finalmente se impuso forjando un formidable aparato de seguridad dedicado exclusivamente a él.
Jamenei siempre desconfió de Occidente, en particular de Estados Unidos, al que acusaba con frecuencia de intentar derrocarlo.
En un discurso típicamente belicoso tras las protestas de enero, culpó a Trump de los disturbios, diciendo: "Consideramos al presidente de Estados Unidos un criminal por las víctimas, los daños y las calumnias que ha infligido a la nación iraní".
Sin embargo, a pesar de su rigidez ideológica, mostró su disposición a ceder cuando la supervivencia de la República Islámica estuvo en juego.
El concepto de "flexibilidad heroica", mencionado por primera vez por Jamenei en 2013, permitía compromisos tácticos para avanzar en sus objetivos, reflejando la decisión de Jomeini en 1988 de aceptar un alto el fuego tras ocho años de guerra con Irak.
El cauteloso respaldo de Jamenei al acuerdo nuclear de Irán con seis potencias mundiales en 2015 fue otro momento similar, ya que calculó que el alivio de las sanciones era necesario para estabilizar la economía y reforzar su control del poder.
Trump abandonó el pacto de 2015 durante su primer mandato en 2018 y volvió a imponer sanciones devastadoras a Irán. Teherán reaccionó violando gradualmente todas las restricciones acordadas sobre su programa nuclear.
ESTRUCTURA DE SEGURIDAD LEAL, CLAVE DE SU PODER
En momentos de creciente presión, Jamenei recurrió repetidamente al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y a los Basij, una fuerza paramilitar formada por cientos de miles de voluntarios, para sofocar la disidencia.
Fueron ellos quienes aplastaron las protestas que estallaron tras la reelección de MahmOud Ahmadineyad como presidente en 2009, en medio de acusaciones de fraude electoral.
En 2022, Jamenei se mostró igual de despiadado al arrestar, encarcelar o ejecutar a los manifestantes enfurecidos por la muerte bajo custodia de la joven iraní-kurda Mahsa Amini.
Y fueron de nuevo la Guardia Revolucionaria y los Basij quienes aplastaron la última ronda de protestas en enero.
Su poder también se debe en gran medida al imperio financiero paraestatal conocido como Setad, bajo el control directo de Jamenei. Con un valor de decenas de miles de millones de dólares, creció enormemente durante su mandato, invirtiendo miles de millones en la Guardia Revolucionaria.
Los estudiosos fuera de Irán han pintado un retrato de un ideólogo reservado y temeroso de la traición, una ansiedad alimentada por un intento de asesinato en junio de 1981 con una bomba oculta en una grabadora que le paralizó el brazo derecho.
Según su biografía oficial, el propio Jamenei sufrió graves torturas en 1963, cuando, a los 24 años, cumplió la primera de sus numerosas condenas de prisión por actividades políticas bajo el régimen del sha.
Tras la Revolución, como viceministro de Defensa, Jamenei se acercó a la Guardia Revolucionaria durante la guerra con Irak de 1980-1988, que se cobró un millón de vidas en ambos bandos.
Ganó la presidencia con el apoyo de Jomeini, pero fue una elección sorpresa como sucesor cuando murió el líder supremo, ya que carecía tanto de popularidad como de credenciales clericales superiores.
UN ASCENSO AL PODER IMPROBABLE
Ali Jamenei nació en Mashhad, al noreste de Irán, en abril de 1939. Su compromiso religioso quedó patente cuando se convirtió en clérigo a los 11 años. Estudió en Irak y en Qom, la capital religiosa de Irán.
Su padre, un erudito religioso de ascendencia azerí, era un clérigo tradicionalista opuesto a mezclar la religión y la política. Por el contrario, su hijo abrazó la causa revolucionaria islamista.
"Él (el padre de Jamenei) daba la impresión de ser un clérigo modernista o progresista", dijo Mahmoud Moradkhani, un sobrino que se opone al régimen de Jamenei y vive en el exilio. A diferencia de su hijo, "él no formaba parte de los fundamentalistas", dijo Moradkhani.
En 1963, Jamenei cumplió la primera de sus numerosas condenas de prisión cuando, a los 24 años, fue detenido por actividades políticas. Más tarde ese mismo año, fue encarcelado durante 10 días en Mashhad, donde sufrió graves torturas, según su biografía oficial.
Tras la caída del sha, Jamenei ocupó varios cargos en la República Islámica. Como viceministro de Defensa, se acercó al ejército y fue una figura clave en la guerra de 1980-1988 con el vecino Irak, que se cobró un total de un millón de vidas.
Hábil orador, fue nombrado por Jomeini líder de la oración del viernes en Teherán.
Jamenei como líder amplió la influencia iraní en la región, empoderando a las milicias chiitas en Irak y Líbano, y apoyando al entonces presidente Bashar al-Assad mediante el despliegue de miles de soldados en Siria.
Durante cuatro décadas gastó miles de millones en estos aliados —el "Eje de la Resistencia", que también incluía a Hamás, el grupo islamista palestino, y a los hutíes de Yemen— para oponerse al poder de Israel y Estados Unidos en Oriente Medio.
Pero en 2024 Jamenei vio cómo estas alianzas se desmoronaban y la influencia regional de Irán se reducía, con la destitución de Assad y una serie de derrotas infligidas por Israel a Hezbolá en el Líbano y a Hamás en Gaza, incluido el asesinato de sus líderes.
El difunto ayatolá deja una República Islámica que se debate entre la incertidumbre, los ataques de Israel y Estados Unidos y el creciente descontento interno, especialmente entre las generaciones más jóvenes.
"Solo quiero vivir una vida pacífica y normal ... En cambio, ellos (los gobernantes) insisten en un programa nuclear, apoyan a grupos armados en la región y mantienen la hostilidad hacia Estados Unidos", dijo Mina, de 25 años, a Reuters por teléfono desde Kuhdasht, en la provincia occidental de Lorestán, a principios de 2026.
"Esas políticas podían tener sentido en 1979, pero no hoy", añadió la licenciada universitario en paro. "El mundo ha cambiado".